Soy asentimental.
Me cuesta mostrar mis emociones. No es que no sienta nada, aunque a veces me
siento vacía, y tengo la sensación de que no siento nada, que nada me produce
felicidad ni tristeza, nada me es indiferente y todo me da igual, que nada odio y nada me gusta. Pero, la
verdad es que estoy colapsada, saturada, siento demasiado, tanto que no puedo
procesarlo, tanto que me hace dudar si de verdad siento, aunque lo que me hace
de verdad plantearme qué es lo que llego a sentir es la reciprocidad que pueda
llegar a emitir, o sea, lo que produzco en los demás. Siempre espero ser lo que
para mí son los demás. Y sé, en el fondo que nunca lo seré y entonces me ahogo
en mis propios pensamientos, me oprimo en mis propias dudas. Mi problema es que
siempre espero más de lo que debería. Soy de esas personas que por poco tiempo
que hace que te conozco daría lo que fuera para verte sonreír, aunque sé que es
la primera, y seguramente la última, vez que te veré intentaré producir en ti
un recuerdo que en cualquier momento o lugar te haga sonreír, si llevas conmigo
gran parte de mi vida, sabrás que me cuesta decir lo que siento aunque te lo
podría escribir en cualquier lugar, sabrás que me da pánico sentirme débil y
que sólo lloro mirando películas, que me implico demasiado con las cosas y que
cualquier cosa que me puedas decir me la tomo en serio. Sabrás que me duelen
más las palabras que los golpes, que nunca pediré ayuda para levantarme pero
siempre la ofreceré, que me gusta sentirme útil y estaré dispuesta a hacer lo
que esté en mi mano por ti. Si no me conoces no sabrás que para mí cualquier
persona que se cruza en mi vida aunque sea solo un instante, una leve sonrisa
en medio de la calle, una mirada, una pequeña charla sin importancia, un “buenos
días” educado, forma parte de mí. Si no me conoces tu primera impresión de mí
es que soy tímida y fría, te pareceré asentimental. Pero la verdad es que
siento demasiado, tanto que un día no lo soportaré y terminaré loca de
felicidad.
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