sábado, 30 de noviembre de 2013

Colpsada, saturada.

Soy asentimental. Me cuesta mostrar mis emociones. No es que no sienta nada, aunque a veces me siento vacía, y tengo la sensación de que no siento nada, que nada me produce felicidad ni tristeza, nada me es indiferente y todo me da igual, que nada odio y nada me gusta. Pero, la verdad es que estoy colapsada, saturada, siento demasiado, tanto que no puedo procesarlo, tanto que me hace dudar si de verdad siento, aunque lo que me hace de verdad plantearme qué es lo que llego a sentir es la reciprocidad que pueda llegar a emitir, o sea, lo que produzco en los demás. Siempre espero ser lo que para mí son los demás. Y sé, en el fondo que nunca lo seré y entonces me ahogo en mis propios pensamientos, me oprimo en mis propias dudas. Mi problema es que siempre espero más de lo que debería. Soy de esas personas que por poco tiempo que hace que te conozco daría lo que fuera para verte sonreír, aunque sé que es la primera, y seguramente la última, vez que te veré intentaré producir en ti un recuerdo que en cualquier momento o lugar te haga sonreír, si llevas conmigo gran parte de mi vida, sabrás que me cuesta decir lo que siento aunque te lo podría escribir en cualquier lugar, sabrás que me da pánico sentirme débil y que sólo lloro mirando películas, que me implico demasiado con las cosas y que cualquier cosa que me puedas decir me la tomo en serio. Sabrás que me duelen más las palabras que los golpes, que nunca pediré ayuda para levantarme pero siempre la ofreceré, que me gusta sentirme útil y estaré dispuesta a hacer lo que esté en mi mano por ti. Si no me conoces no sabrás que para mí cualquier persona que se cruza en mi vida aunque sea solo un instante, una leve sonrisa en medio de la calle, una mirada, una pequeña charla sin importancia, un “buenos días” educado, forma parte de mí. Si no me conoces tu primera impresión de mí es que soy tímida y fría, te pareceré asentimental. Pero la verdad es que siento demasiado, tanto que un día no lo soportaré y terminaré loca de felicidad.

viernes, 1 de noviembre de 2013

¿Sientes que me necesitas? ¿Notas que nadie te hace reír como yo? ¿Me ves y te sigue removiéndose algo dentro de ti? ¿Oyes mi voz y deseas cerrar los ojos y no escuchar nada más? ¿El contacto con mi piel te produce adicción? ¿En tu cabeza solo se reproduce mi sonrisa? ¿Se te encoge el corazón al darte cuenta de que ya no estoy para ti? No tas que se te escapa algo valioso de tus manos y por mucho que corras tras él, que por mucho que reacciones ya está demasiado lejos, que nada puedes hacer para recuperarlo, pero aún así luchas para retenerlo como sea a tu lado. Y entonces, llega ese momento en que te das cuenta que echas de menos todo eso que un día no saboreaste, que no disfrutaste, que no retuviste lo suficiente aunque lo tuvieras cerca, cuando te das cuenta de que no aprovechaste el tiempo y que por creer tenerlo no lo supiste apreciar. Llega ese momento en que te das cuenta que  echas de menos lo que tú mismo dejaste escapar, que ya no está para ti. Llega ese momento que ha encontrado a alguien que se da cuenta de lo que puede llegar a perder.