Soy asentimental.
Me cuesta mostrar mis emociones. No es que no sienta nada, aunque a veces me
siento vacía, y tengo la sensación de que no siento nada, que nada me produce
felicidad ni tristeza, nada me es indiferente y todo me da igual, que nada odio y nada me gusta. Pero, la
verdad es que estoy colapsada, saturada, siento demasiado, tanto que no puedo
procesarlo, tanto que me hace dudar si de verdad siento, aunque lo que me hace
de verdad plantearme qué es lo que llego a sentir es la reciprocidad que pueda
llegar a emitir, o sea, lo que produzco en los demás. Siempre espero ser lo que
para mí son los demás. Y sé, en el fondo que nunca lo seré y entonces me ahogo
en mis propios pensamientos, me oprimo en mis propias dudas. Mi problema es que
siempre espero más de lo que debería. Soy de esas personas que por poco tiempo
que hace que te conozco daría lo que fuera para verte sonreír, aunque sé que es
la primera, y seguramente la última, vez que te veré intentaré producir en ti
un recuerdo que en cualquier momento o lugar te haga sonreír, si llevas conmigo
gran parte de mi vida, sabrás que me cuesta decir lo que siento aunque te lo
podría escribir en cualquier lugar, sabrás que me da pánico sentirme débil y
que sólo lloro mirando películas, que me implico demasiado con las cosas y que
cualquier cosa que me puedas decir me la tomo en serio. Sabrás que me duelen
más las palabras que los golpes, que nunca pediré ayuda para levantarme pero
siempre la ofreceré, que me gusta sentirme útil y estaré dispuesta a hacer lo
que esté en mi mano por ti. Si no me conoces no sabrás que para mí cualquier
persona que se cruza en mi vida aunque sea solo un instante, una leve sonrisa
en medio de la calle, una mirada, una pequeña charla sin importancia, un “buenos
días” educado, forma parte de mí. Si no me conoces tu primera impresión de mí
es que soy tímida y fría, te pareceré asentimental. Pero la verdad es que
siento demasiado, tanto que un día no lo soportaré y terminaré loca de
felicidad.
sábado, 30 de noviembre de 2013
viernes, 1 de noviembre de 2013
¿Sientes que
me necesitas? ¿Notas que nadie te hace reír como yo? ¿Me ves y te sigue removiéndose
algo dentro de ti? ¿Oyes mi voz y deseas cerrar los ojos y no escuchar nada
más? ¿El contacto con mi piel te produce adicción? ¿En tu cabeza solo se
reproduce mi sonrisa? ¿Se te encoge el corazón al darte cuenta de que ya no
estoy para ti? No tas que se te escapa algo valioso de tus manos y por mucho
que corras tras él, que por mucho que reacciones ya está demasiado lejos, que
nada puedes hacer para recuperarlo, pero aún así luchas para retenerlo como sea
a tu lado. Y entonces, llega ese momento en que te das cuenta que echas de
menos todo eso que un día no saboreaste, que no disfrutaste, que no retuviste
lo suficiente aunque lo tuvieras cerca, cuando te das cuenta de que no
aprovechaste el tiempo y que por creer tenerlo no lo supiste apreciar. Llega
ese momento en que te das cuenta que echas de menos lo que tú mismo dejaste escapar,
que ya no está para ti. Llega ese momento que ha encontrado a alguien que se da
cuenta de lo que puede llegar a perder.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)