domingo, 18 de agosto de 2013

Tengo 18 años, 9 meses y 8 días. Durante este tiempo me he dado cuenta de muchas cosas, como por ejemplo que las apariencias engañan y a veces, a nuestro pesar, la gente es lo que aparenta ser. Me he dado cuenta de que el mundo, en general, se mueve por interés, también he descubierto que la gente mala no sólo existe en los cuentos y que los finales no acostumbran a ser felices. He aprendido a base de decepciones que la confianza es algo valioso y cualquiera no es merecedor de ella.  He entendido que el tiempo puede ser veneno y antídoto y que la distancia muchas veces  precede un final. Pero una de las cosas que más me ha marcado en mi vida ha sido una frase que dice así: ‘’los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano’’, no lo creía o no quería creerlo, pero es así. Las personas mienten, te engañan, te hacen daño, conquistan tu corazón y juegan con él, se olvidan de ti, entran y salen de tu vida cuando les va bien. Y solo el tiempo  es capaz de mostrarte quien es de verdad un amigo. Quien estará siempre, en los buenos y en los malos momentos, quien te dirá lo que nadie más se atreve a decirte a la cara, aunque duela, quien te va a defender pase lo que pase, quien te hará reír hasta que duela, quien te secara las lágrimas y te abrazará cuando las palabras no basten, quien quiere tu amistad y hace lo que sea para mantenerla. Los amigos de verdad son esos que por mucho tiempo que pase nada cambia, es quien te hace dar cuenta de las cosas y te hacen sentir especial con tan sólo pensar que son parte de tu vida.



jueves, 15 de agosto de 2013

Mientras me duchaba estaba pensando por qué nunca somos capaces de decir exactamente lo que sentimos. Por qué preferimos arrepentirnos. Cuántas veces hemos callado un te quiero por miedo, cuántas veces hemos dicho que tengas unas buenas vacaciones si en realidad queríamos decir ‘’te echaré de menos’’, cuántas veces nos hemos mordido la lengua pensando que pareceríamos ridículos si gritáramos lo que sentimos, cuántas veces no hemos abrazado quedándonos estático, reprimiendo las ganas. Cuántas veces hemos ahogado la sed de sus labios, cuántas veces dejamos escapar una oportunidad porque no nos creemos dignos de ella. Cuántas veces despedimos momentos sin darnos cuenta de que no volverán, que una vez pasan son irrecuperables, que por mucho que lo intentemos nada va a ser lo mismo. Cuántas veces somos consientes de todo lo que dejamos escapar en un instante, dándonos cuenta  segundos, minutos, horas, días, semanas o años más tarde y aún así seguimos reprimiendo todo lo que sentimos por miedo, inseguridad o qué se yo. Cuántas veces más nos arrepentiremos. Cuándo seremos capaces de decir exactamente lo que sentimos, para ser honestos con los demás y con nosotros mismo.