lunes, 26 de agosto de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
Tengo 18 años, 9 meses y 8 días. Durante este tiempo me he
dado cuenta de muchas cosas, como por ejemplo que las apariencias engañan y a
veces, a nuestro pesar, la gente es lo que aparenta ser. Me he dado cuenta de
que el mundo, en general, se mueve por interés, también he descubierto que la
gente mala no sólo existe en los cuentos y que los finales no acostumbran a ser
felices. He aprendido a base de decepciones que la confianza es algo valioso y
cualquiera no es merecedor de ella. He
entendido que el tiempo puede ser veneno y antídoto y que la distancia muchas
veces precede un final. Pero una de las
cosas que más me ha marcado en mi vida ha sido una frase que dice así: ‘’los
amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano’’, no lo creía o no
quería creerlo, pero es así. Las personas mienten, te engañan, te hacen daño,
conquistan tu corazón y juegan con él, se olvidan de ti, entran y salen de tu
vida cuando les va bien. Y solo el tiempo es capaz de mostrarte quien es de verdad un
amigo. Quien estará siempre, en los buenos y en los malos momentos, quien te
dirá lo que nadie más se atreve a decirte a la cara, aunque duela, quien te va
a defender pase lo que pase, quien te hará reír hasta que duela, quien te
secara las lágrimas y te abrazará cuando las palabras no basten, quien quiere
tu amistad y hace lo que sea para mantenerla. Los amigos de verdad son esos que
por mucho tiempo que pase nada cambia, es quien te hace dar cuenta de las cosas
y te hacen sentir especial con tan sólo pensar que son parte de tu vida.
jueves, 15 de agosto de 2013
Mientras me duchaba estaba
pensando por qué nunca somos capaces de decir exactamente lo que sentimos. Por
qué preferimos arrepentirnos. Cuántas veces hemos callado un te quiero por
miedo, cuántas veces hemos dicho que tengas unas buenas vacaciones si en
realidad queríamos decir ‘’te echaré de menos’’, cuántas veces nos hemos
mordido la lengua pensando que pareceríamos ridículos si gritáramos lo que
sentimos, cuántas veces no hemos abrazado quedándonos estático, reprimiendo las
ganas. Cuántas veces hemos ahogado la sed de sus labios, cuántas veces dejamos
escapar una oportunidad porque no nos creemos dignos de ella. Cuántas veces
despedimos momentos sin darnos cuenta de que no volverán, que una vez pasan son
irrecuperables, que por mucho que lo intentemos nada va a ser lo mismo. Cuántas
veces somos consientes de todo lo que dejamos escapar en un instante, dándonos cuenta
segundos, minutos, horas, días, semanas
o años más tarde y aún así seguimos reprimiendo todo lo que sentimos por miedo,
inseguridad o qué se yo. Cuántas veces más nos arrepentiremos. Cuándo seremos
capaces de decir exactamente lo que sentimos, para ser honestos con los demás y
con nosotros mismo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

