domingo, 2 de diciembre de 2012





En la vida nos cruzaremos con mucha gente que no llegaremos a conocer,  quizá solo veremos una vez o nos la encontraremos en otros lugares y nunca saludaremos. Pero, a veces, en la vida hay gente que se cruza en nuestro camino  y nos acompaña, se arriesga a entrar en nuestra vida. Se arriesga a que le cojamos cariño, a que le arranquemos sonrisas, a confiar en nosotros, a entender que estaremos a su lado, en esos momentos buenos y por encima de todo en los malos, seremos el hombro donde llorar, estaremos cuando necesite escuchar unas palabras de consuelo aunque sea lo típico ''estaré aquí siempre'', '' si me necesitas, no dudes en decírmelo''. Se arriesga a dejarnos entrar poco a poco a su corazón, a contarnos lo que siente, a explicarnos sus problemas. Arriesgarse a que conozcamos sus defectos y sobretodo que nos gusten. Arriesgarse a perder la noción del tiempo a nuestro lado y hacer locuras sin pensar en qué dirán los demás, reírnos en cualquier lugar sin venir a cuento, hasta que duelan las tripas de tanto reír. Arriesgarse a coleccionar momentos, a crear recuerdo. Arriesgarse a tener que decir adiós a veces, ha echar de menos y sentir un vacío si no está. Arriesgarse a llegar a importarle a alguien, que estaría dispuesta a casi todo por una sonrisa, para alejar las penas. Tener la felicidad de otra persona en nuestras manos, porque ella así lo quiere y ser capaz de corresponder, porque entrar en tu vida es arriesgarse a entrar en la mía.

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