El invierno termina y da paso a la
primavera y ésta al verano que se enfría al llegar el otoño. Las estaciones llegan,
se quedan un tiempo y cambian dando paso a la siguiente. Nosotros somos como
las estaciones, continuamente cambiando. Con el tiempo aprendemos, caemos y nos
levantamos, desviamos los golpes y seguimos hacia delante, aunque a veces nos
resulte tentador quedarnos atrás. Pero sin quererlo ya no somos los mismos, en
cada caída, cada palabra, acción, gesto, mirada provoca un cambio. Sin darnos
cuenta algo en nosotros es diferente. Pero en esencia somos los mismos. Sigue
sin gustarnos que nos cojan las cosas sin permiso, que nos miren sin discreción
por la calle, tropezar al andar tranquilamente, odiamos admitir nuestros
errores, mostrar nuestras debilidades. Odiamos que se nos peguen las sábanas,
de no aprovechar el momento, odiamos esperar. Seguimos queriendo que nos hagan
sonreír, llegar a la cama en verano y que esté fresquita, que la ropa esté
planchada, que el sol brille y corra una suave brisa. Nos gusta poner la tele y
que salga una buena película, encender la radio y que suene esa canción que nos
alegre durante 4 minutos, que toque nuestro plato favorito. Vivimos esperando
el momento de dar ese paso para crecer como ser humano, de empezar de cero, de
alcanzar nuestro sueños, de dar EL cambio, de terminar con una etapa, de ser
valientes. Toda nuestra vida estamos en constante cambio pero sin embargo nunca
dejamos de ser nosotros mismos.
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